domingo, 10 de julio de 2011

Peter Pan el policía

               Mujeres, nunca os habéis hecho la pregunta de “¿qué hago yo saliendo con este crío?” Y es que al menos un 75% de la población masculina (y parte de la femenina) sigue teniendo un complejo de Peter Pan palpitante aún con unos treina y pico de edad. Ocultan esta faceta bajo trajes caros y vestidos atrevidos, pero en su interior siguen siendo unos adolescentes de 17 con las hormonas alborotadas. Pueden llegar a confundirnos y hasta a gustarnos, pero son eso, críos. Desde mi experiencia os digo que no es tan fácil distinguirlos...
               En una de esas noches en la disco en las que el panorama no es muy favorable y decido salir a echarme un pitillo me encontré con mi propio Peter Pan. Se acercó. Me pidió fuego y me dio una sonrisa a cambio. Se llamaba Joseph, treinta y dos, era policía y estaba con su primo de paso en la ciudad para coger un avión al día siguiente a Lisboa. Me presentó a su primo, al cual decidí presentar a mi amiga Kirsten, que estaba dentro intentando ligar con un camarero que no le hacía ni caso. Cuando estuvimos los cuatro fuera de la disco, él se sacó una bolsita de marihuana del bolsillo y lió un porro que nos fumamos entre los cuatro. No me gusta mucho la marihuana, pero bueno, por una noche... Después de hablar un rato me invitó a tomar algo dentro de la disco. Entramos, bebimos, bailamos y me pidió que le acompañara al servicio. Fui con él, me metió dentro del servicio y nos empezamos a liar. La verdad es que besaba bastante bien y su cuerpo era escultural debido a su profesión, pero yo no estaba interesada en pasar de un simple magreo. Entonces él sacó un condón y me quedé mirándolo confundida; le dije “guárdalo”, a lo que él contestó “mejor, sin él”... Eso nunca. Entonces le dejé claro que no quería hacer nada con él esa noche y se cabreó, ahí fue cuando lo vi: era igual que un adolescente de 17 con un calentón del quince al que le niegan una mamada. Parecía que no tenía su edad, parecía que seguía en plena pubertad, exactamente igual que un niño. Salimos del servicio y entonces pasó la escena más subrealista de la noche: intentó ligar con Kirsten, aunque ella ya había ligado con su primo y pasó de él. Fue entonces cuando decidí que ya había soportado bastante a ese crío toda la noche: nos despedimos de su primo y nos fuimos las dos. Antes de salir me giré para mirarlo y seguía con esa mirada de enfado e impotencia...
               Esa noche me fui de allí pensando ¿es posible quedarse tan anclado en una adolescencia algo insuficiente en el sentido sexual que, luego, al crecer, no se sale de ella sino que se tienden a repetir los mismos traumas y juegos por no haberlos tomado en dicha etapa?

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